Ir al contenido
MNPMediación

Alumnado ayudante y alumnado mediador no son la misma figura

· 2 min de lectura

En muchos planes de convivencia las dos expresiones aparecen mezcladas, a veces en el mismo párrafo. Merece la pena separarlas, porque suponen formaciones distintas, funciones distintas y riesgos distintos.

Alumnado ayudante

Es una figura de prevención y acompañamiento. El alumnado ayudante está atento a lo que pasa en el patio y en el aula, se acerca a quien está solo, avisa cuando detecta algo que no va bien y sirve de puente con el profesorado.

No conduce un procedimiento. No hay fases, ni acuerdo escrito, ni acta. Lo que hay es presencia y disponibilidad: el alumnado detecta buena parte de los conflictos antes que el profesorado.

La formación necesaria es más corta y el riesgo de que algo salga mal, menor.

Alumnado mediador

Interviene en un conflicto concreto, entre dos partes que aceptan participar, siguiendo un procedimiento con fases: acogida y reglas, exposición de cada parte, aclaración de lo que está en juego, propuestas y acuerdo.

Eso exige otra cosa. Exige saber escuchar sin tomar partido, resistir la tentación de decidir quién tiene razón, manejar el turno de palabra cuando las dos partes se interrumpen y reconocer cuándo hay que parar y avisar a un adulto.

Y exige supervisión: un servicio de mediación entre iguales sin profesorado que revise los casos deja a menores gestionando conflictos ajenos sin apoyo.

Por qué importa la distinción

Por tres motivos prácticos.

El primero, la formación. Anunciar mediación entre iguales y formar al alumnado como ayudante deja al equipo sin las herramientas que el procedimiento exige.

El segundo, los límites. El alumnado mediador tiene que saber cuándo no se media. Si al valorar un caso aparecen desequilibrio de poder, repetición e intención de dañar, lo que corresponde es el protocolo de acoso, y su función en ese momento es avisar, no intervenir. Esa regla tiene que estar escrita en el programa, no dejada al criterio de quien reciba el caso.

El tercero, lo que el centro dice de sí mismo. Un plan de convivencia que anuncia un equipo de mediación describe algo concreto. En Galicia, además, el Decreto 8/2015 da por supuesto que existe alumnado «formado y cualificado» para intervenir en los supuestos menos graves de acoso, sin decir quién lo forma ni con cuántas horas.

Cómo encajan las dos

No compiten: se ordenan. Lo habitual es empezar por la ayuda entre iguales, que es más sencilla de sostener y que crea la cultura previa, y construir sobre ella el equipo de mediación con quienes quieran seguir.

Ese orden tiene además otra ventaja. Los programas de ayuda entre iguales movilizan a quienes observan sin intervenir, que suelen ser la mayoría del grupo, y esa movilización reduce el margen de quien agrede. La prevención del acoso lleva décadas señalando a los espectadores como la pieza que hay que mover.

Todas las notas